lunes, 7 de septiembre de 2015

COINCIDENCIAS O DESTINO, PARTE III


Muchos, para no generalizar, hablan de ciencia, del carácter científico de una rama, de un fenómeno o de un  enunciado sobre algún hecho ocurrido en el mundo en que vivimos.  Y, como es lógico pensar, surge la pregunta:  ¿qué se conoce por ciencia? Acudamos a algunos diccionarios:
Según The American Heritage College dictionary,  ciencia es: 1a. La observación, identificación, descripción, investigación experimental y explicación teórica de los fenómenos 1b. Tales actividades restringidas a una clase de fenómeno natural 1c. Tales actividades aplicadas a un objeto de estudio.
El pequeño Larousse Ilustrado, 2014, conjunto de conocimientos objetivos sobre ciertas categorías de hechos, de objetos o de fenómenos, que se basa en leyes comprobables y en una metodología de investigación propia.
Analicemos en detalle algunos aspectos de la definición de ciencia ofrecida por El Pequeño Larousse Ilustrado, 2014, en apariencia más completa: Transportémonos a la Edad Media (5th-15th century). Durante este periodo el desarrollo científico fue muy limitado. Las continuas invasiones a territorios y países eran tan frecuentes como las plagas de enfermedades que diezmaban a comunidades enteras. Eran una época prácticamente de supervivencia. Si alguien acudía con un brebaje, de hierbas, etc., para curar o aliviar una dolencia de alguna persona, era visto como un brujo con poderes de hechicero, y hasta corría el riesgo de ser quemado en la hoguera por sus prácticas incompatibles con las normas hasta entonces aceptadas por cierta gente o las autoridades regionales. Si algún genio o visionario hubiera aparecido en algún lugar concurrido, una aldea, poblado, en una especie de bicicleta, de madera, no inventada entonces, seguramente pudo ser  visto como un enviado del más allá o un demonio con ideas o poderes perniciosos, una amenaza al uso del caballo, un fenómeno contra toda lógica y una violación inaceptable a normas establecidas. En aquellos tiempos la religión frenaba cualquier idea o invento considerado producto de mentes enfermas o peligrosas a la vida cotidiana del ciudadano. La “ciencia” de la época estaba regida por estrictas normas y procedimientos ya comprobados como no nocivos al ser humano. Entonces volvamos a nuestro tiempo, el siglo veintiuno. Hoy, es lo contrario, todo lo que no esté avalado por la “ciencia” es oscurantismo. Por ejemplo, las “leyes” o principios enunciados por Isaac Newton (1642-1727), irrebatibles en su época, son, en general, casos particulares, válidas en condiciones determinadas, de acuerdo con la física moderna. Debido a que no se cumplen de la misma manera con los cuerpos que viajen a altas velocidades como la de la luz o los átomos y moléculas sometidos a enormes temperaturas. En otras palabras, la verdad de ayer pudiera no ser la de hoy. Cuántas veces no hemos oído: este producto o substancia se creyó durante largos años como muy favorable al funcionamiento del hígado, por citar un ejemplo, y hoy, según nuevos estudios, pudiera ser hasta perjudicial.
También, en estos días, la llamada ciencia que estudia tal rama no es tan verdadera porque existen demasiadas especulaciones que ponen en tela de juicio sus fundamentos o total validez. Las innumerables teorías acerca de esto y de aquello. Ejemplos, la creación del universo, la teoría del Big Bang, los universos paralelos, las múltiples teorías de los hoyos negros, la existencia de la antimateria, las múltiples dimensiones estipuladas por la Teoría de las Cuerdas (once dimensiones, las más aceptada), y la cual es fundamentada a través de ecuaciones matemáticas. Sin embargo, aunque muchos científicos apoyan esta teoría, otros, a pesar de los fundamentos matemáticos que avalan su posible veracidad, la rechazan. Es decir, esta última, es una teoría justificada matemáticamente y, por ende, factible de ser verdadera aunque incongruente o incompatible con ciertas leyes establecidas o aceptadas como solidas científicamente. Todo esto nos conduce a una conclusión irrefutable: la llamada ciencia, no es ni remotamente ciento por cierto verdadera, dejando espacio suficiente a otras ramas y teorías no consideradas tan científicas pero factibles porque mientras la llamada ciencia no las pueda refutar en términos totalmente científicos, seguirán tan incólumes como la propia ciencia. Actualmente nada puede considerarse imposible de ocurrir. Hay inventos, ideas, tan fantásticos que eran imposibles de concebir algunos años antes. La invención del teléfono regular, luego el celular, la televisión, la computadora, la aviación, la creación de una supercomputadora llamada Watson de IBM, la cual en el programa, show, de televisión Jeopardy, derrotó de forma espectacular y convincentemente a dos hombres que habían logrado el más alto puntaje durante el tiempo de existencia del programa sobre preguntas de temas diversos expresadas verbalmente por el conductor del show. Un hecho realmente increíble. Sus posibles aplicaciones a la medicina, en el diagnóstico de enfermedades y mejores tratamientos, así como a casi todas las ramas de la tecnología y hasta la misma ciencia son verdaderamente extraordinarias.
En la historia han existido grandes científicos que también eran religiosos, entre ellos se encontraban: Einstein, Max Planck (creador de la Teoría Cuántica), Nicolás Copérnico, Francis Bacon, Kepler, Galileo, Newton, Mendel, Kelvin y tantos otros. Recordemos que el ser humano es mitad materia y mitad espíritu. Actualmente se habla de la amenaza de la creación por los seres humanos de robots de inteligencia avanzada. Estos, según piensan muchos, pudieran terminar esclavizando o destruyendo al hombre. Sin embargo, estas máquinas, robots, no hubieran podido surgir sin la participación previa del ser humano.
Por todo esto, la ciencia actual se enfoca mayormente en la base material de los fenómenos; dejando en un plano casi inexistente a la parte espiritual. Y, de esta manera, olvidan que sin esta, la espiritual, ellos mismos no estarían analizando un determinado fenómeno.


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